CRISIS DEMENTE III


 

TRABAJAD, TRABAJAD, MALDITOS 3

 

“Ay, quién maneja mi barca, quién…

Que a la deriva me lleva, quién…”,

Remedios Amaya (1983).

 

Crisis demente III

¿Cómo es posible que en un mundo con recursos abundantes, aunque limitados, estemos asistiendo a un dramático deterioro de la calidad de vida -no solo en lo económico, sino en derechos sociales- de la mayoría de la población de este país, sin que medie guerra o catástrofe natural?.

¿Obedece, tal vez, a la interesada imposición de un modelo socio-económico que pretende perpetuar un orden que, incontestablemente, beneficia a una exigua minoría en detrimento de una inmensa mayoría?. ¿Cómo hemos llegado a estos niveles de abuso y miseria moral poseyendo un telencéfalo altamente desarrollado y pulgar oponible?.

“Follow the money”,

Garganta Profunda en “Todos los hombres del presidente”, de Alan J. Pakula (1976).

 

Parte de mi trabajo (análisis crítico del contexto en relación con el bienestar/malestar individual y colectivo) consiste en buscar respuestas a estas preguntas. En atención a las razonables limitaciones que, con “látigo de seda”, me impone mi editora, solo voy a exponer una breve secuencia de una de mis hipótesis de trabajo.

Nuestra función de procesamiento de la información (cognición) cuenta con unos “esquemas” llamados “estilos cognitivos”, determinados por factores biológicos y ambientales, que intervienen en la percepción e interpretación del mundo que nos rodea. Yo propongo uno basado en las estrategias de supervivencia, con dos polos: cooperación (supervivencia colectiva como prioridad; amplio alcance social, largo plazo) y egoísmo (supervivencia individual como prioridad; reducido alcance social y corto plazo), mediados, diferencialmente, por varias estructuras/funciones cerebrales. Todos estamos normalmente distribuidos entre ambos polos, es decir, la mayoría se encuentra alrededor de la media: no cooperadores extremos, no egoístas extremos. Ahora bien, el problema está en los extremos: los mecanismos de toma de decisiones políticas y económicas están dominados, mayoritariamente, por personajes de uno de los extremos, ¿imaginas cuál?.

 

Crisis demente III

 

La secuencia sería así: el egoísmo correlaciona positivamente con la ambición (poder) y la codicia (riqueza), y negativamente con la empatía y, consecuentemente, la ética. Es decir, aquellos con más vocación de poder y riqueza tienen probabilidades directamente proporcionales de encontrarse cerca del extremo egoísta y, además, menos escrúpulos a la hora de alcanzar sus propósitos. Y como los sistemas democráticos de acceso al poder han sido infectados (con leyes electorales “ad hoc”, grupos de presión/soborno, propaganda, etc.) por estos personajes -que constituyen, entre otros, el poder fáctico que, justo es decirlo, no es competencia exclusiva de uno de los lados del tradicional espectro ideológico-, pues tenemos lo que tenemos. Individuos que lo mismo compran una isla, que arrumban a millones de personas con un simple chasquido asistido por el pulgar oponible; pero que no trasladarían la sede del Foro Económico Mundial de Davos (Suiza) a la Isla de las Flores (Brasil), por más sugerente que suene su nombre. “No hay flores en la Isla de las Flores”, ¿quieres saber por qué?…

 

“La isla de las Flores”, de Jorge Furtado

 

Individuos, en definitiva, que para salvar la disonancia cognitiva o, dicho de otro modo, ese “sumidero moral” generado por su obsesión por los beneficios particulares sin evitar los perjuicios generales que engulle toda posibilidad de bien común, nos tienen que avasallar con un discurso de inexorabilidad basado en teorías económicas de factura oligárquica totalmente inverosímiles (neoliberalismo). Como arma de violencia simbólica, de la que hablaba Pierre Bourdieu, se valen de la “estimable” colaboración de sus propios medios de manipulación de masas, infestados de “loros” que cotorrean consignas mendaces en una impúdica exhibición de ventriloquia “bienpagá” propia de telencéfalos de bajo rendimiento ético [¡Ay!, Marhuenda, qué tunante…].

 

“Qué época tan terrible esta en que unos idiotas conducen a unos ciegos”,

William Shakespeare, dramaturgo (1564-1616).

 

crisis de mente, paro, trabajo, educacion, adoctrinamiento, marcos martino

 

Lo peor es que esa lluvia de mensajes “aleccionadores” llega a calar en el telencéfalo de las masas, que se acaban tragando el cuento de la meritocracia y la consecuente división de la humanidad en categorías: los privilegiados, los “hijos de buena estirpe” de Rajoy, y los prescindibles o sacrificables, como estamos comprobando en esta estafa masiva que nos asola (“Crisis”, según el discurso oficial). Fenómeno este, descrito en la teoría de la justificación del sistema (Jost, J.T. & Hunyady, O., 2002), que trata de explicar la racionalización del statu quo y la internalización de las desigualdades, entre otros fenómenos, proponiendo que la sociedad integra las ideologías de justificación del sistema por su función paliativa, ya que reducen la ansiedad, la culpa, la disonancia, el malestar y la incertidumbre, tanto de los favorecidos como de los desfavorecidos, perpetuando así la desigualdad. ¡Tócate los bongos!.

Es lo bueno de tener averiada la parte del telencéfalo que gestiona la empatía, que te ahorras los conflictos éticos de ser un canalla.

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Y lo que nos queda…

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One Response to “CRISIS DEMENTE III”

  1. Nano dice:

    Cuanta razón, en tan pocas lineas, extraordinario articulo.
    Que lastima, que nos hayamos dejado engañar por gentuza sin escrúpulos y lo que es peor que lo hagan con total impunidad y con el respaldo del beneplácito del gobierno de turno, dado que son los mismos. Muy mal andamos de valores cuando nos importa un pepino lo que les ocurre a nuestros semejantes en la otra esquina y no somos capaces de hacer nada, bueno sí, llenar la gran vía y la cibeles (extrapolable a cualquier otra ciudad), cuan do gana un equipo de fútbol.
    Triste, si muy triste de ver en lo que nos hemos convertido.

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