CRISIS DEMENTE VI


MIEDO A SALIR DEL RÍO QUE NOS LLEVA

 

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No creo en el destino, salvo cuando es el final de un itinerario reflejado en un billete de transporte.

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El destino funciona demasiadas veces como pretexto para la resignación; correlato de una corriente que nos arrastra inexorable hacia un fin supuestamente predeterminado que, aunque desconocido, se nos ofrece con pocas opciones, sentenciadas por convenciones culturales. En un mundo bajo conquista por una maquinaria discursiva que utiliza como ariete la versión norteamericana, secularizada, de la ética protestante, dichas opciones podrían decantarse atendiendo a un criterio dicotómico: éxito vs. fracaso. Un criterio pervertido por la codicia capitalista al circunscribirlo al aspecto material en un escenario que prima la apariencia en detrimento de la esencia: acumulación indiscriminada de recursos como prioridad con la popularidad, incluso vacua y bochornosa, como sucedáneo.

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Volvamos al río que es también una metáfora de la vida, más allá de las clásicas de Platón o Heráclito que lo utilizaran para ilustrar el flujo, el cambio, aunque desde la perspectiva de quien se acerca a la orilla y solo accede a contemplar un breve tramo.

 

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Banks of the Oise, 1881. Paul Gauguin. Colección particular.

 

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La vida entendida como el río que nos lleva, permite ilustrar así el concepto de destino al que llegamos guiados por un cauce -en la imagen del río de Heráclito, el logos que ordena y dirige- constreñido, a su vez, por el territorio que lo acoge: desde las corrientes abruptas y breves de aquellos ríos que nacen en montañas próximas al mar, a las extensas y caudalosas de aquellos que hienden vastos territorios.

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Las vidas, como los ríos, transcurren, pues, por cauces que nos permiten dejarnos llevar, sin tener que vernos obligados a tomar decisiones trascendentales. El cauce reduce la incertidumbre que tanta ansiedad nos produce: el miedo a salir del río que nos lleva. Pero nos hace, a la vez, predecibles y, por tanto, controlables; subyugables, en la lógica neoliberal al asalto del logos cultural que, supuestamente, debe dar sentido a la existencia.

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.¿Tendría sentido bracear hasta la orilla, agarrarse a alguna rama y salir a tierra firme a “fluir” en otra dirección?. Sin menoscabo de volver a zambullirnos, claro está. El agua que escapa del cauce no ha de ser necesariamente la analogía de una vida mejor, sino de incertidumbre y libertad. Incluso para caer, en caso desagraciado, en una captación que alimente el riego artificial de un campo de golf que alfombra una estepa yerma, y ser pisado por esnobs que se regocijan no tanto en su propio cauce como en el canal que se han construido a nuestra costa.

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El filósofo francés Jankélévitch, en su libro La aventura, el aburrimiento, lo serio (1963) distingue los conceptos de destino y destinée, que representan una vida encauzada y la huída-liberación, respectivamente. Y qué mejor sitio que el blog de IndieColors para ilustrar, como hiciera Jankélévitch, la diferencia entre estos conceptos, con aquellos artistas cuya motivación por explorar les lleva a saltar, necesariamente, fuera del cauce. Eso, cuando no es la necesidad vital de saltar fuera del cauce la que los ha llevado a explorar el territorio artístico.

 

¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos?, 1897. Paul Gauguin. Museum of Fine Arts, Boston.

¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos?, 1897. Paul Gauguin. Museum of Fine Arts, Boston.

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Un caso sería el de Paul Gauguin, uno de los pintores que más ha influido en el arte moderno, y que lejos de conformarse con una buena vida encauzada como agente de Bolsa en París, lo abandona todo -incluso a su familia- y decide explorar el territorio pictórico de la manos de sus amigos para embarcarse después, en una destinée, hacia el Caribe y la Polinesia, donde intenta aprehender la vida y los colores. En esa “huída-liberación” conoció vidas, colores, culturas, amores, enfermedades y la muerte en condiciones dramáticas en una remota isla en medio del Pacífico.

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Entre su apasionada obra pictórica, y antes de un intento de suicidio que fracasó por exceso de arsénico, pintó una de sus grandes obras, reflejando su inquietud ante el destino: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?.

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Pues eso.

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